domingo, 21 de mayo de 2017

Antonio Calvache, humo y papeles viejos

Hoy se ha publicado en El País, una noticia que hace feliz a todos aquellos que creen que la memoria de un país es el motor de su progreso. Se titulaba "El Guernica que apareció en el Rastro", y cuenta el hallazgo por parte de un periodista de una copia mecanoescrita y original de las memorias inéditas del fotógrafo y escritor (y falangista de primera hora, y renegado del franquismo) Antonio Calvache.

La noticia es pródiga en datos y en informaciones, y traza un certero y atractivo retrato del fotógrafo. Sin embargo, se pasa por alto su condición de cineasta. Lo cual es lógico, porque de las películas que realizó (5 largos y dos cortos) sólo se conserva la banda de imagen del documental El derrumbamiento del ejército rojo y el documental propagandístico España ante el mundo. El resto (los largometrajes La chica del gato [1927], Los vencedores de la muerte [1927] y Boy [1940]  y el corto El resurgir de España [1929]) es humo. Pero por mucho humo que sea, no  hay que dejar de mencionarlo, de tenerlo en cuenta, de reflexionar sobre ello para el perfil completo del personaje. De hecho, hay un perfil accesible en internet  donde le definen como un gran director de cine:

En cuanto a Antonio Calvache, director de la época muda de Los vencedores de la muerte, obre un argumento de Alberto Insúa, y de La chica del gato, adaptación de la comedia de Arniches, creemos sinceramente que hay en él un realizador capaz de ganar muchas batallas para la mayor gloria del cine español.

Posee, además de un fino temperamento artístico, tres condiciones preciadísimas: entusiasmo, elegancia de expresión y buen criterio cinematográfico.

Sus películas mudas nos lo descubrieron, a pesar de la limitación de medios naturales con que fueron realizadas.

Había en ellas un buen gusto, una distinción artística que no existía en el cine de entonces, por la sencilla razón de que todo él estaba en manos de comerciantes sin la menor inquietud de arte en sus cerebros. Y Antonio Calvache es, sobre todo, un artista.
HERNÁNDEZ GIRBAL, Florentino, "3 nuevos directores", en Florentino Hernández Girbal y la defensa del cine español

En este sentido, la figura de Calvache me recuerda a la de Antonio de Obregón. Como Calvache, Obregón fue falangista, y como él tuvo una trayectoria previa alejada del cine (fotógrafo uno, escritor de vanguardia el otro). En la entrada dedicada a Obregón del Diccionario de las vanguardias en España de Juan Manuel Bonet, se dice que su labor en el cine se limitó a la Guerra Civil, “donde trabajó en tareas de propaganda, dentro del apartado de cinematografía”. Sin embargo Antonio de Obregón fue un cineasta vocacional y volcado en su trabajo, y su carrera de cineasta duró hasta los años cincuenta. El cronista Fernando Méndez-Leite von Haffe le dedicó buenos elogios. En el caso de Obregón se conservan varias de sus películas (La batalla del Ebro, Tarjeta de visita, La esfinge Maragata, Hace cien años, Mi vida en tus manos) si bien incompletas. A Tarjeta de visita, por ejemplo, le faltan veintiséis minutos, lo que hace la trama incomprensible. Pero algo es algo. Si la filmografía de Calvache es humo, la de Obregón son ruinas.

Creo que ha llegado el momento en que nos demos cuenta de que no se puede escribir la historia del cine sólo desde lo que se conserva. Hay que señalar las lagunas, el humo y las ruinas, tan frecuentes por otra parte en el cine español. Sólo así entenderemos mejor las cosas. 


Sólo queda esperar ahora que se editen pronto esas memorias de Calvache, y se hagan accesibles por fin. Será una batalla ganada al tiempo y al olvido, que es otra de las tareas de la historiografía. 

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