Las listas (II)
Al respecto de las listas, la que a mi parecer es la mejor iniciativa, nos llega de los márgenes. Y hablo de los márgenes por varias razones. Porque una vez dos chicos de la meseta hicieron una revista llamada Letras de cine, en la que desde su períférica Valladolid nos acercaron entrevistas con Oliveira, Kiarostami, o una muy jugosa con Antonio López.
Porque esos chicos dejaron de editar la revista por motivos que desconocemos (pero que imaginamos económicos) y se decidieron por crear un blog desde el que prosiguen su tarea, aprovechando todas las posibilidades que tiene internet.
Una de las secciones que tiene su blog, es una llamada "Cick en la foto". Si sigues esas instrucciones, serás recompensado con algún tesoro. En esta sección "Click en la foto", han abierto una subtrama, llamada "El mejor cine español no se ha visto". En ella hacensu pequeña antología del cine español, de una forma subjetiva, personal, pero certera.
Los títulos son los siguientes:
- "Lejos de los árboles" (J. Esteva)
- "La celosía" (I. Valcárcel Medina)
- "El sueño de Cristo" (A. García del Val)
-"La ruta del Quijote" (R. Biadiú)
- "Contactos" (P. Viota,1970)
- "Duerme, duerme mi amor" (F. Regueiro)
-"Cielo negro" (M. Mur Oti)
-"El mundo sigue" (F. Fernán Gómez)
-"Embrujo" (C. Serrano de Osma)
-"La torre de los siete jorobados" (E. Neville)
No se puede negar que todos los están, son. Quizá esta lista sea (con excepción de las de las excentricidades de "La celosía" y de "El sueño de Cristo", que además, yo no conocía) un tanto obvia, pero por eso mismo me parece un gran acierto. Porque un espectador culto, interesado, no habrá visto más de dos películas de esta lista, y que se le hagan accesibles estos títulos me parece digno de quitarnos el sombrero.
Desde aquí mi enhorabuena, mi gratitud, y porque no decirlo, mi envidia de mesetario.
miércoles 10 de junio de 2009
jueves 4 de junio de 2009
REVISIÓN CRÍTICA DEL CINE ESPAÑOL III
Las listas (I)
Estoy obsesionado desde hace tiempo con recuperar para el cine español una cierta tradición (quien dice tradición bien puede decir identidad, y quien dice identidad bien puede decir mirar hacia atrás sin vergüenza). Creo que el cine español no sólo es que tenga interesantísimas películas sobre las que echar la vista, sino que, además, es un objeto de estudio fascinante, por su búsqueda constante de lo popular, por sus pequeñas rupturas no permitidas, por su historia política, por su persistencia en el sainete como forma de expresión. Y por muchas más cosas, qué duda cabe.
He hablado muchas veces, delante de gente que me permite estas divagaciones, de la necesidad de establecer un nuevo canon del cine español. Es necesario que la gente mire sin tantos prejuicios el cine español. Y sobre todo, que los propios profesionales no se avergüencen del Aparato Cinematográfico (por decirlo a la manera de mi querida Marta Hernández) al que, lo quieran o no, pertenecen. Es un tópico (horrible) escuchar a un director decir: "la gente que ha visto la película me ha dicho que no parece española". Como si eso significara algo. O lo que es peor, como si eso significara algo bueno.
La forma de dignificar ese "nuestro cine" no es difícil. Consiste en reivindicar películas que nunca lo han sido, y en promover que se vuelvan a ver, sin anteojos. Hacer una nueva Antología de películas (maravilloso y necesario el libro de Pérez Perucha, que ninguna institución quiere reeditar) y ponerlas a disposición de nuevos públicos.
Para mí, está claro que esta iniciativa tiene que partir de las instituciones, y que el Instituto Cervantes debería gastarse unos cuartos en sacar nuevas copias (y, por qué no, también restaurarlas) y proyectar el ciclo en sus sedes, y en cinematecas de todo el mundo. (En vez de eso hizo una exposición, "El cine español, una crónica visual". Pero... ¿cómo se puede reivindicar una cinematografía sin ver las películas?... ¿A ciegas?... Exactamente como hacen los que denigran a esa misma cinematografía).
Está claro que la Academia debería apostar por esto, quizá ella más que nadie. Podrían empezar por reeditar el Diccionario del Cine, que coordinó Borau, y después promover este ciclo.
Está claro que las Filmotecas podrían facilitar la apertura de sus fondos para que investigadores pudiesen iluminar periodos de nuestra historia. Pero no, las Filmotecas se comportan como custodias celosas del patrimonio fílmico. Sin embargo,no será con ellas contra quien cargue mi ira. Al fin y al cabo, son ellas las únicas que hacen algo, con sus ciclos de directores (desde Serrano de Osma a Jordi Feliu) y las única que, de vez en cuando, editan algún libro luminoso.
Está claro que TVE podría volver a proyectar los grandes títulos (aunque sea a horas intempestivas). Que vuelva "La noche del cine español", de la que sentimos nostalgia los que no vimos el programa.
Está claro que unos por otros, la casa sin barrer.
Estoy obsesionado desde hace tiempo con recuperar para el cine español una cierta tradición (quien dice tradición bien puede decir identidad, y quien dice identidad bien puede decir mirar hacia atrás sin vergüenza). Creo que el cine español no sólo es que tenga interesantísimas películas sobre las que echar la vista, sino que, además, es un objeto de estudio fascinante, por su búsqueda constante de lo popular, por sus pequeñas rupturas no permitidas, por su historia política, por su persistencia en el sainete como forma de expresión. Y por muchas más cosas, qué duda cabe.
He hablado muchas veces, delante de gente que me permite estas divagaciones, de la necesidad de establecer un nuevo canon del cine español. Es necesario que la gente mire sin tantos prejuicios el cine español. Y sobre todo, que los propios profesionales no se avergüencen del Aparato Cinematográfico (por decirlo a la manera de mi querida Marta Hernández) al que, lo quieran o no, pertenecen. Es un tópico (horrible) escuchar a un director decir: "la gente que ha visto la película me ha dicho que no parece española". Como si eso significara algo. O lo que es peor, como si eso significara algo bueno.
La forma de dignificar ese "nuestro cine" no es difícil. Consiste en reivindicar películas que nunca lo han sido, y en promover que se vuelvan a ver, sin anteojos. Hacer una nueva Antología de películas (maravilloso y necesario el libro de Pérez Perucha, que ninguna institución quiere reeditar) y ponerlas a disposición de nuevos públicos.
Para mí, está claro que esta iniciativa tiene que partir de las instituciones, y que el Instituto Cervantes debería gastarse unos cuartos en sacar nuevas copias (y, por qué no, también restaurarlas) y proyectar el ciclo en sus sedes, y en cinematecas de todo el mundo. (En vez de eso hizo una exposición, "El cine español, una crónica visual". Pero... ¿cómo se puede reivindicar una cinematografía sin ver las películas?... ¿A ciegas?... Exactamente como hacen los que denigran a esa misma cinematografía).
Está claro que la Academia debería apostar por esto, quizá ella más que nadie. Podrían empezar por reeditar el Diccionario del Cine, que coordinó Borau, y después promover este ciclo.
Está claro que las Filmotecas podrían facilitar la apertura de sus fondos para que investigadores pudiesen iluminar periodos de nuestra historia. Pero no, las Filmotecas se comportan como custodias celosas del patrimonio fílmico. Sin embargo,no será con ellas contra quien cargue mi ira. Al fin y al cabo, son ellas las únicas que hacen algo, con sus ciclos de directores (desde Serrano de Osma a Jordi Feliu) y las única que, de vez en cuando, editan algún libro luminoso.
Está claro que TVE podría volver a proyectar los grandes títulos (aunque sea a horas intempestivas). Que vuelva "La noche del cine español", de la que sentimos nostalgia los que no vimos el programa.
Está claro que unos por otros, la casa sin barrer.
martes 2 de junio de 2009
REVISIÓN CRÍTICA DEL CINE ESPAÑOL II
Las obras (I)
Alrededor de las salinas (Jacinto Esteva, 1962)
(Publicado originalmente en Blogsadocs.com)
jueves 21 de mayo de 2009
REVISIÓN CRÍTICA DEL CINE ESPAÑOL I
El cine español en una línea
El otro día, desde las páginas de El País, nos sorprendió la noticia de que Alex de la Iglesia aspira a presidir la Academia del Cine Español. "Ha llegado el momento de pasar a la acción, de implicarse y colaborar para que el cine español tenga la imagen que se merece", son las declaraciones en las que explica el por qué de su decisión. "Tenemos directores de fama internacional y actores triunfando por el mundo entero que, sin embargo, no funcionan en casa. Quiero recuperar al público y a la prensa".
Uno no puede por menos de darle un poquito de razón, pues es verdad que uno de los lastres que más le pesan al cine español es la falta de amor propio, las anteojeras que nos impiden ver su historia con curiosidad, un montón de tópicos que le pesan y le impiden andar. El cine español debe tener otra imagen, aunque creo que no la que de la Iglesia pretende. Hay muchos directores que reivindicar, muchas películas por descubrir, muchas corrientes subterraneas que sacar a la luz para encontrar algo parecido a una identidad cinematográfica. Pero esto es una labor que los cineastas no están por la labor de hacer. Y las Filmotecas y Ministerios, parece que tampoco.
Pero claro que uno no cree que esto vaya a ser lo que haga de la Iglesia. Sus postulados van hacia otro lado (como siempre): ley del cine, incremento de la inversión de las televisiones, piratería, derechos de autor... Se olvida la parte del león (como siemper): por qué el cine español es tan malo, por qué no llega,, por qué parece siempre cojo, de historias, guiones, miradas personales, pericia técnica. Por qué una película parece el calco de otra, siempre.
La noticia de la candidatura de Alex de la Iglesia coincide con otra noticia, cuanto menos, entristecedora: la cantidad de películas españolas que no se estrenan. Cine películas (de las ¡173! que se hacen) o no se estrenan o no llegan a los cien espectadores. Podría buscar razones (las he dado en el párrafo anterior) pero me gusta el refrán que recomienda "no hacer leña del árbol caído".
Pero creo que ha llegado el momento de explicar mi teoría del cine español, esa que tantas veces he explicado un poco beodo: el cine español es una línea. En un extremo, hay un cine comercial, de gran calidad, que consigue lo que pretende, llevar a la gente a las salas, además, con oficio, con dominio técnico, con sabiduría. Hablo de directores como Balagueró, Fesser, Amenábar, el futuro director de la Academia... Y al otro extremo de la línea, están los directores que creen en el cine. Los que lo usan como epidermis donde escribirse, donde expresarse. Hablo de Erice, Guerín, Lacuesta, de Mercedes Álvarez. Ambas líneas coexisten, son de una gran calidad, se estrenan, se ven en el extranjero, recuperan sus inversiones, crean escuela, abren caminos. ¿Qué falla? Los infinitos puntos que hay entre ambos extremos. La clase media, los directores que quieren ser comerciales sin saber cómo, los que piden más ayudas para encontrarse con presupuestos holgados que luego no sirven para nada porque sus historias están huecas y (lo que es peor) mal contadas. Eso que todos llamamos cine español. Son esos puntos de en medio, por victoria cuantitativa, los que han creado la imagen del cine español que tanto se denigra. Y es normal, porque es este cine español es que se celebra en los necrológicos (y necrofilos) Premios Goya. Y el que se muestra con retintín de candilejas y alfombras rojas del Festival de Málaga.
martes 21 de abril de 2009
Sobre la crítica (II)
Hablar de la crítica está de moda. Que si ha muerto, que si se transforma, que si internet, que si los blogs, que si un ciclo de ponencias en Estoril, que si Cahiers-España edita una serie de reflexiones sobre el oficio...
El otro día en Internet encontré un foro donde hablaban de la crítica de cine en España. Y decían que Carlos Aguilar era el peor crítico de cine de España. Y desde aquí he de mostrar mi más profundo desacuerdo.
Para empezar, en España no existe crítica de cine. Hay unos pocos, dos, tres. El resto de los que se hacen llamar críticos son enamorados de los cultural studies, que prefieren citar a Barthes antes que ver una película de, pongamos por caso, Jose Giovanni. Hay un artículo de Basilio Martín Patino muy revelador al respecto. En respuesta a una crítica elogiosa de Domenec Font a su película "Canciones para después de una guerra", el director no tiene más remedio que confesar: "Yo he estudiado Filosofía y Letras, pero sinceramente, no sé qué quiere decir este hombre..."
Carlos Aguilar no es un crítico; es un historiador. Un divulgador. Y su oficio como historiador-divulgador es inmaculado. Ha hecho justo lo que se supone que debe hace un historiador de cine; descubrir joyas, cuestionar cánones, dar luz sobre periodos oscuros, crear pasadizos que unan corrientes quizá remotas. Reivindicar autores ocultos por juicios inexactos e inclementes.
Juzguemos a Carlos Aguilar como historiador, no como crítico. Llamar a las cosas por su nombre es la mejor forma de hacer las cosas bien. Si hubiese más historiadores como él, el cines español no adolecería de esa pedigüeña falta de amor propio que lo lastra. Entre las cosas que me gustaría aprender de él, está la de mirar con ojos sin prejuicios la historia de nuestro cine. Y a partir de ahí, aprender a hacer películas...
El otro día en Internet encontré un foro donde hablaban de la crítica de cine en España. Y decían que Carlos Aguilar era el peor crítico de cine de España. Y desde aquí he de mostrar mi más profundo desacuerdo.
Para empezar, en España no existe crítica de cine. Hay unos pocos, dos, tres. El resto de los que se hacen llamar críticos son enamorados de los cultural studies, que prefieren citar a Barthes antes que ver una película de, pongamos por caso, Jose Giovanni. Hay un artículo de Basilio Martín Patino muy revelador al respecto. En respuesta a una crítica elogiosa de Domenec Font a su película "Canciones para después de una guerra", el director no tiene más remedio que confesar: "Yo he estudiado Filosofía y Letras, pero sinceramente, no sé qué quiere decir este hombre..."
Carlos Aguilar no es un crítico; es un historiador. Un divulgador. Y su oficio como historiador-divulgador es inmaculado. Ha hecho justo lo que se supone que debe hace un historiador de cine; descubrir joyas, cuestionar cánones, dar luz sobre periodos oscuros, crear pasadizos que unan corrientes quizá remotas. Reivindicar autores ocultos por juicios inexactos e inclementes.
Juzguemos a Carlos Aguilar como historiador, no como crítico. Llamar a las cosas por su nombre es la mejor forma de hacer las cosas bien. Si hubiese más historiadores como él, el cines español no adolecería de esa pedigüeña falta de amor propio que lo lastra. Entre las cosas que me gustaría aprender de él, está la de mirar con ojos sin prejuicios la historia de nuestro cine. Y a partir de ahí, aprender a hacer películas...
viernes 3 de abril de 2009
Sobre la crítica
"Hay ocasiones en que al crítico le es especialmente difícil comentar la obra de un artista. Podemos seguir el proceso que ha seguido, mostrar las transformaciones, descubrir las constantes, pero el resultado final, la obra tiene siempre algo de inalcanzable. En el fondo, la tarea del crítico, diferente a la del historiador, que puede aferrarse a datos y hechos concretos, es imposible. Es por eso quizás tan atractiva, y todos acabamos siendo más o menos críticos, y ojalá comencemos siéndolo ante nosotros mismos. Esta dificultad es superior cuando la obra del artista se ha desnudado de todo aquello que no es esencial. No tenemos entonces asideros, y la dificultad se da desde el principio. Entonces es cuando la crítica, para hacerse posible, debe ceñirse más a la obra y crear, al mismo tiempo, un discurso paralelo que pueda lograr, metafóricamente, el infinito que es la obra de arte"
***
Es bueno que, de la obra de un artista, conozcamos su manera de proceder, la solidez de su composición, las peculiaridades de su color, la fuerza de su pasión, la vibración de la sensibilidad, el impulso que da vida a estos factores y elementos, el horizonte al cual apunta los limites que trata de transgredir -función primordial del arte-, incluso su trayectoria, y que descubrimos los que logros conseguidos. Pero todo eso, tanto el espectador como el historiador y sobre todo el crítico, deben olvidarse cuando se encuentren delante de la obra, para dejarse empapar por la emoción"
JOSÉ CORREDOR-MATHEOS
(De “Salvador Alibau: una pintura esencial” en “Alibau, Obra i Técnica de la fibra de cel·lulosa”, Arola Editores, 2000. Original en catalán)lunes 23 de marzo de 2009
Melies, nuestro mago

Tenía que ser Lobster, esa maravilla de empresa que ha aprendido el oficio desde la pasión, la que pusiese en nuestras manos este cofre (es obvia la resonancia a tesoro que la palabra cofre trae). Con el título de Georges Melies. Le Premier Magicien du Cinéma (1896-1913 ), se presenta un DVD con la totalidad de las películas conservadas de Georges Melies: 173 películas. Todas ellas restauradas, coloreadas, mimadas. Y como hacer las cosas bien no es tan difícil, este cofre ha corregido la velocidad de proyección y ha corregido encuadres.
Aparte de eso, hay un libreto con prólogo de Norman McLaren, que narra la apasionante vida de Melies (era apasionante ya antes del cine. Sus negociose innovaciones en el arte escénico al frente del Teatro Houdin merecen la pena ser contados... algo que poca veces se ha hecho).
Y, además, como extra (por cierto, qué palabra más fea) Le Grand Méliès, de Georges Franju, la persona que, junto a Langlois, lo rehabilitó y lo colocó en el lugar que se merece: el maestro loco que en vez de enseñarnos matemáticas nos enseñó cómo seducir a las niñas.
Melies para mí siempre ha sido un amor constante, un placer al que no renunciar jamás. Uno siempre ha visto en Melies un pasado donde el futuro podría habría sido mejor (ojo: no es una paradoja. Creo firmemente que si Meliés hubiese sido más tenido en cuenta en los sistemas educativos, Aznar no hubiese existido).
Y por eso mismo uno no puede dejar de pensar (es su carácter) en que en España se podría hacer lo mismo con Segundo de Chomón, nuestro gran mago. Se podrían editar todos sus films conservados, se podría añadir el film "Cinematógrafo 1900", de Tharrats. Se podría incluir un libreto escrito por Joan Minguet. Se podrían hacer tantas cosas si nos quisiésemos un poco más...
(Nota: si no les importa el dinero, no duden en comprar los otros cofres de Lobster, especialmente el de Charlie Bowers, el Neal Cassady de la "estética de la tarta en la cara". En ese cofre se contiene todo lo que no se ha perdido de ese genial y desconocido cómico, encontrado en baúles de medio mundo gracias a la pasión intacta e inagotable de Serge Bromberg, que, además, ha realizado un documental sobre "Bricoleur", salvándolo, por fin, del olvido)
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