martes, 8 de junio de 2010

Nitrato en Nueva Zelanda


Por fin una de esas noticias que a uno le alegran el corazón y le provocan ganas de cantar en la ducha. Tal como aparece hoy (8/6/2010) en El País.

Cine mudo rescatado en Nueva Zelanda

Regresan a EE UU 74 películas americanas halladas en la filmoteca neozelandesa y de las que no existían más copias

Hace un siglo viajar no era tan simple y tan barato como ahora. Y enviar paquetes de una punta a otra del planeta era una auténtica inversión. De ahí que en la década de los 20 los productores de Hollywood, que ya entonces empezaban a conquistar el mundo usando como única arma el celuloide, a veces prefirieran abandonar a su suerte las películas que estrenaban en países tan distantes como Nueva Zelanda para ahorrarse unos cuantos dólares.

Eso mismo le ocurrió a uno de los primeros filmes de John Ford, Upstream, fechado en 1927 y del que no existían copias conocidas hasta que Brian Meacham, conservador de la Academia de las Artes y las Ciencias de Hollywood, descubrió por casualidad en un viaje a Nueva Zelanda que la filmoteca de ese país atesoraba una copia. Upstream es una película muda que en España se tituló Ser o no ser y en la que se nota la fuerte influencia que causó en John Ford la llegada a Estados Unidos de F. W. Murnau, quien entonces estaba trabajando en su obra maestra americana, Sunrise.

Pero la bodega de la filmoteca neozelandesa no solo escondía aquella vieja joya de John Ford sino otras 74 cintas que ahora se están preparando para regresar a su país de origen y entrar en los archivos de la National Film Preservation Foundation, propiedad de la Biblioteca del Congreso.

Es el efecto inesperado de la curiosidad: Brian Meacham estaba de vacaciones en Nueva Zelanda en 2009 y decidió visitar a sus colegas de la filmoteca de Wellington. Steve Russell, uno de los responsables de la Filmoteca de Nueva Zelanda lo recuerda así hoy en The New York Times: "Inevitablemente nos pusimos a hablar de nuestra colección pero a Brian no le gustó mucho descubrir que guardábamos toda una serie de películas americanas, principalmente películas antiguas en soporte de nitrato, así que nos pidió que le enviáramos una lista. Es una de esas raras ocasiones en que la tiranía de la distancia ha jugado en nuestro favor y en el de las películas".

El soporte de nitrato sobre el que se sustentó el cine hasta los años 50 era altamente inflamable de ahí que al menos la película John Ford esté siendo repicada en un soporte fílmico actual para evitar riesgos durante el transporte. Y enviar el resto no es tarea fácil porque las empresas de transporte no quieren hacerse responsables de un material tan inestable así que de momento los filmes van saliendo poco a poco hacia Los Ángeles en unos barriles de acero de la ONU. "Al menos un cuarto de las películas están en un avanzado estado de degradación. El resto tienen buena imagen aunque han encogido" afirma Annette Melville, la directora de la filmoteca neozelandesa.

Pero además, entre los tesoros escondidos en una isla que hoy para la industria del cine es sinónimo de Peter Jackson y sus superproducciones, hay una serie de títulos firmados por mujeres en fechas tan tempranas como 1914. A esa fecha pertenece Won in a cupboard, una película dirigida por Normand, una actriz muy célebre de la época que también se atrevió con la dirección. Además, hay películas del llamado género cowboy girl y diversas cintas con célebres estrellas de la época como Clara Bow, que personificaría los gloriosos años 20.

También hay diversos westerns, una de las exportaciones cinematográficas más populares de todos los tiempos y comedias como Why husbands flirt, de Al Christie. También se ha encontrado la película Mary of the movies, la más antigua hasta la fecha del catálogo de Columbia Pictures, hoy propiedad de Sony.

P.S: Y aquí, un regalo: la lista completa de las películas encontradas

viernes, 28 de mayo de 2010

El rollo perdido de Cartier-Bresson



(noticia aparecida en Publico, el 28/05/2010)

El 28 de octubre de 1937, Henri Cartier-Bresson llegaba a Quinto de Ebro. El fotógrafo francés, junto al cineasta Herbert Kline y el camarógrafo Jacques Lemare, se había escapado durante dos días, de otro rodaje: el de hospitales en Benicàssim y Saelices para el documental Victoria de la vida, que hasta ahora constituía el único testigo del paso, cámara de 35 milímetros en mano, del fundador de Magnum por la Guerra Civil española.

La Filmoteca Española mostró ayer por primera vez en España el documental Con la Brigada Lincoln en España, al que se le había perdido la pista poco después de su estreno en el cine Cameo de Nueva York, en mayo de 1938. El metraje había permanecido en el archivo de la Brigada Abraham Lincoln de la misma ciudad, almacenado entre los rollos de 16 milímetros que los propios brigadistas habían filmado.

El documental arranca con los ciudadanos de Madrid leyendo un poema dedicado a la caída de Asturias, que cuelga de la fachada del Círculo de Bellas Artes. Unas señoras con cestas colgando del brazo, trabajadores, ciudadanos de a pie leen. "Se quería mostrar los logros en educación de la República", explica Juan Salas, investigador madrileño en la Universidad de Nueva York, que ha sido el artífice del hallazgo.

Durante 18 minutos vemos a los brigadistas internacionales entrenando, comiendo poco más que pan, cantando y riendo alrededor de una guitarra. Trabajadores, escritores e intelectuales estadounidenses y canadienses conviven en el frente, "sin jerarquías entre soldados y oficiales", informa el filme. "La intención era mostrar la variedad de procedencias de los soldados, su compromiso, y recaudar fondos para traer de vuelta a Estados Unidos a los heridos", precisa Salas. El documental prosigue con tomas de los brigadistas convaleciendo en hospitales. Y vuelve finalmente al frente.

El descubrimiento ha sido posible gracias a la curiosidad de Salas, que planea editar, junto a la Filmoteca Española, un DVD con el material iné-dito del archivo de la Brigada Lincoln. Investigando allí, encontró fotos en las que reconoció a Cartier-Bresson portando una cámara de cine.

El frente en el que aparecía no coincidía con ninguna imagen de Victoria de la vida, así que decidió ir más allá. Revisó los rollos de 16 milímetros y ahí estaba Con la Brigada Lincoln en España. Las imágenes del documental coincidían con las fotografías que habían tomado los brigadistas de Cartier-Bresson y Klein filmándolos.

Aquello no era un encargo, la película había nacido del compromiso del fotógrafo, así que se permitió experimentar, hacer curiosos travellings, forzar los primeros planos en busca de los hombres. "Es curioso cómo su estilo sufre una transición en esta película, del surrealismo del inicio al humanismo posterior por el que sería más conocido", apunta Salas. El cine soviético de la época y el eco de Las Hurdes de Luis Buñuel están ahí.

Pero la historia tiene una vuelta de tuerca más que une a Cartier-Bresson con Robert Capa y Gerda Taro. Al final de la película, usó imágenes como fondo del mensaje de solidaridad que quería trasladar al público. En una de esas secuencias, un campesino alza el puño. Salas reconoció al mismo hombre en uno de los negativos de la maleta mexicana de Capa, hallada con miles de negativos hace algo más de un año en México.

"Me di cuenta de que Capa le había cedido parte del metraje que él y Taro habían filmado en junio de 1937 en Brunete", afirma Salas. Ese campesino con el puño alzado fue el señuelo para unir las historias de tres fotógrafos que contaron, con cámaras de foto y de cine, la lucha del frente republicano.

lunes, 19 de abril de 2010

REVISIÓN CRÍTICA DEL CINE ESPAÑOL XXVIII

A estas alturas de la película, uno cree ver claro que una de las causas del inmovilismo del cine español, es la escasez de apoyos que los otros agentes de la institución cine dan a las películas personales. Hablando claro, hablo de que son pocas las salas (y los distribuidores) que apuestan, (han apostado o apostarán) por un cine marcadamente radical (a la contra casi de los tópicos y de la standarización).

Una de las pocas excepciones que hay en todo el país es La Enana Marrón, la mítica sala madrileña. Si uno se mete en la programación que ha realizado en su trayectoria, te entra un ligero vértigo y una sensación de gratitud tan cándida, que te hace pensar (ingenuamente) que el cambio de mentalidad respecto al cine es posible.

Lo dicho vale para el cine hecho en cualquier rincón del mundo. Y también para este rincón que compartimos. Este mes es un buen ejemplo de ello: por una parte el ciclo Productos Ibéricos Inauditos, con los largometrajes Bolboreta, Mariposa, Papallona, de Pablo García, El barrio de las islas de Daniel García-Pablos, La eternidad de Jean Castejón Gilabert, El brau blau, de Daniel Villamediana, En el camino de Esmirna, de Pere Albero y El somni, de Christophe Farnarier.

Asimismo, hay una retrospectiva de Claudio Zulián, residente en Barcelona y autor del ingenioso A través del Carmel, y otro ciclo con los últimos trabajos de Antoni Pinent.

Desde ese pequeño rincón de resistencia, autogestionado y entusiasta, La Enana Marrón (y David Reznack), nos enseñan cuál es el modo de actuar para cambiar el estado de las cosas, en el cine de este país: una guerra de guerrillas que apueste por el otro cine, el distinto, el raro. ¿El bueno?

En un granero (solitario)



(La noticia que paso a comentar apareció en diversos medios escritos la pasada semana. El texto que yo escribo es pues el resultado de la lectura de varias notas de prensa)

Esta historia empieza en 2006 en la esquina oscura de un granero abandonado de New Hampshire a punto de ser demolido. Allí, entre mantas, un bulto extraño que resulta ser un viejísimo proyector de cine. Y junto al cacharro, varias cintas de película de nitrato llenas de polvo.

Resulta que entre las películas del granero estaba una filmación de 30 minutos (two-reel) de 1913 titulada When Lincoln paid ('Cuando Lincoln pagó'), obra de Francis Ford, listada en las historias del cine de la época pero perdida para la eternidad. Película que llevaba 97 años perdida.

El hallazgo pronto contó con el entusiasmode Tag Gallagher (el máximo especialista en la obra de John Ford, además de coleccionista cinematográfico), y fue restaurado por la George Eastman House y el National Film Preservation Foundation.

La película, que cuenta la historia de la madre de un soldado confederado que viaja hasta Washington para intercambiar opiniones con Abraham Lincoln, pertenece a una serie de ocho filmes que Francis Ford rodó y protagonizó con Lincoln como protagonista y que, hasta ahora, no estaban disponibles en ninguna filmoteca del mundo. Todos los filmes de la serie sobre Lincoln fueron escritos por William Clifford.

Entre las películas desaparecidas están The Heart of Lincoln (1915), The Toll of War (1913), and The Battle of the Bull Run (1913).

Francis Ford fue el hermano mayor de John Ford. Y aunque no tuvo el éxito ni los Oscar –ni, añadiriía yo, la capacidad de hacer que el claroscuro mito americano fuese carne- de John, Francis fue un director prolífico, con 480 películas rodadas entre 1909 y 1928. También trabajó como actor (a veces en películas de su hermano, hasta el año 53.

Mañana día 20, el Keen State College presentará el hallazgo, convenientemente restaurado, limpio de las briznas del viejo granero de New Hampshire.

Aquí unos fragmentos de las películas:




domingo, 28 de marzo de 2010

REVISIÓN CRÍTICA DEL CINE ESPAÑOL XXVII


Hay un cine invisible y que nunca dejará de serlo. Un cine que ha sido en muchos casos refugio y frontera, y también, trampolín. Estoy hablando de los cortometrajes, inabarcable mundo de piezas muchas veces inencontrables. De todos es la responsabilidad de no conocer y no prestar atención a un formato cuya finalidad, según todos creemos, es la de presentar credenciales para hacer un largometraje. Pero son muchos (y me incluyo en ese grupo, sin pena ni gloria) los que se quedaron ahí, en un cortometraje.

El Certamen Internacional de Cine Documental y de Cortometraje de Bilbao, en su edición de 1986, presentó una retrospectiva comisariada por Francisco Llinás, llamada Cortometraje Independiente Español (1969-1975). Este ciclo estuvo acompañada (y esto es lo realmente importante) por una publicación. En esta publicación se incluían textos del propio Llinás, Pérez Perucha, Miguel Marías y Nuria Vidal, y unos cuestionarios que los directores de los cortometrajes seleccionados contestaban (con las preguntas ¿en qué condiciones fueron realizados tus cortometrajes? ¿Cómo valoras la aportación de los cortometrajes de esta época al conjunto del cine español? y ¿en qué medida tu experiencia en el terreno del corto ha influido o afectado a tu carrera posterior?).

El criterio para elegir los cortos fue "seleccionar únicamente cortos que, aunque en teoría no fuesen los más personales o audaces, o avanzados, eran también los menos privados y autocomplacientes, porque sus autores aspiraban, con mayor o menor empeño y esperanza, a integrarse en la industria". Los cortos seleccionados fueron:

  1. Retrato de grupo (Ferrán Alberich)
  2. Paisaje con árbol (Álvaro del Amo)
  3. Monegros (Antonio Artero)
  4. Tom y las moscas (Carlos Benpar)
  5. Bolero de amor (Francesc Betriu)
  6. Cercles (Ricardo Bofill)
  7. Abismo (José María Carreno)
  8. En un París imaginario (Fernando Colomo)
  9. Estado de sitio (Jaime Chávarri)
  10. ¿Qué se puede hacer con una chica? (Antonio Drove)
  11. Quizá (Ramón Font)
  12. Gospel (Ricardo Franco)
  13. El mundo dentro de tres días (Diego Galán)
  14. Juan (Gerardo García)
  15. Locos por Machín (Jose Luis García Sánchez )
  16. Crónica de Rondibilis (Jose Luis Guarner)
  17. El último día de la humanidad (Manuel Gutiérrez Aragón)
  18. Un cochero impertinente (Gonzalo Herralde)
  19. Abrir las puertas del mar (Francisco Llinás)
  20. El camino del cielo (Emilio Martínez Lázaro)
  21. El espíritu del animal (Augusto Martínez Torres)
  22. Michana (Carles Mira)
  23. Extraño recuerdo (Segismundo Molist)
  24. No compteu amb els dits (Pere Portabella)
  25. Huerto Cerrado (Carlos Rodríguez Sanz)
  26. Desde el paisaje (Manuel Vidal Estévez)
  27. Jaula de todos (Paulino Viota)
  28. Frank-Stein (Iván Zulueta)
En el catálogo se mencionan algunos otros títulos (El crimen de la piríndola e Imitación del ángel, de Adolfo Arrieta; Ditirambo vela por nosotros y El horrible ser nunca visto, de Gonzalo Suárez; La mano de madera, de Augusto Martínez Torres; Querido Abraham, de Alfonso Ungría; Fin de un invierno, de Paulino Viota; I després ningú no riurá, de Manel Esteban, El lobby contra el cordero, de Jose Antonio Maenza; Circunstancias del milagro, de Emilio Martínez Lázaro; Tiempo de cuaresma, de Andrés Linares; Sabandijas, de Carlos Rodríguez Sanz; Los hábitos del incendiario, de Antonio Gasset).

Seguramente el festival de Bilbao fue la última vez que estas películas se pudieron ver. Después, fueron otra vez recluidas en filmotecas, archivos privados, o simplemente armarios. Y de esta forma, se nos ha privado de un fragmento pequeño de nuestro cine. Pequeño, pero significativo, por revulsivo, porque fue la última generación que soñó con revolucionar el cine (desde la pasión, desde la crítica, desde la reflexión). Seguramente las pobres copias que quedan de estas películas se estén desvaneciendo ya en el polvo de no se sabe dónde. ¿De quién es la responsabilidad de que no se vean? ¿Qué tendrá que suceder para rescatar estos cortos del olvido?

En el año 2010, uno piensa que estos cortos (como las práctica de la EOC, como el No-Do, como tantas otras) deberían estar colgados en internet, en una página cuidada y seria, como la del National Film Board de Canada. Pero claro que uno piensa esto porque le duele que estas piezas se queden en el olvido, cuando deberían quedar como testimonios de un tiempo en el que hacer cine podía ser sinónimo de lucha.